En lo alto de la sierra michoacana, Santa Clara del Cobre es mucho más que un Pueblo Mágico: es un legado vivo. Desde tiempos prehispánicos, este rincón de México ha sido cuna de los mejores artesanos del cobre, guardianes de un oficio transmitido de generación en generación. Cada calle, cada taller y cada martillo resuenan con historia, identidad y pasión.
El cobre no se produce… se transforma.
Seleccionamos el metal en bruto y, a través del fuego, el golpe preciso y la paciencia absoluta, lo convertimos en piezas de diseño que llevan alma en cada curva.
El proceso es completamente manual: forja, martillado, pulido y ensamblado, paso a paso. Ninguna pieza es igual a otra. Cada una lleva la huella de quien la hizo y el espíritu del lugar que la vio nacer.
Este arte exige fuerza, pero también sensibilidad. Y por eso, cada objeto que creamos es más que funcional: es profundamente humano.
Creemos que el diseño no debe estar peleado con la tradición.
Honramos lo hecho a mano, lo lento, lo auténtico. Y lo llevamos a espacios modernos donde el arte y la función coexisten.
No seguimos tendencias: creamos objetos atemporales, con carácter, pensados para quienes valoran la belleza imperfecta de lo real.
Colaboramos con artesanos de Santa Clara del Cobre y diseñadores contemporáneos para dar vida a piezas únicas, que hablen por sí solas.
Cada pieza nace del fuego, la memoria y la maestría
Es cobre. Es arte. Es Tierra Linda.